Me conmovió profundamente la entrevista que escuché en la radio, mientras conducía camino a casa. El entrevistado, un niño de 12 años que decide construir una ciudad de juguete con más de 5.000 piezas de playmobil, y todo para dar visibilidad al autismo, enfermedad que sufre su hermano mellizo.

 

La historia es ya de por si conmovedora y una lección de humanidad, pero lo que más me conmovió fue lo que sucedió durante la misma, en el diálogo que mantiene el presentador con la madre del protagonista cuando le pregunta: Hemos hablado de que la idea fue de tu hijo y de tu marido, tu marido ya no está entre nosotros, ¿verdad?

 

Tras unos segundos de silencio, la madre contesta: “No le vemos pero sí está

 

Comencé a adentrarme en el mundo del desarrollo humano hace más de 12 años con mis primeras formaciones en PNL y Coaching. Desde entonces he escuchado a muchos profesores, formadores, mentores, etc… hablar de que en Coaching se trabaja el hacer, y también el ser y el estar. Confieso que me costó entender inicialmente a qué se referían con esto del “SER” y me remito a mi anterior artículo para ello. Pero a día de hoy me seguía costando explicar lo del “ESTAR”, y como decía Einstein, si no lo puedes explicar de forma sencilla es que no lo has entendido bien.

 

Nunca antes había escuchado una explicación más clarificadora de lo que es “ESTAR”. Cuando trabajamos en Coaching el “ESTAR” de la persona estamos hablando de aquello que permanece. Es la presencia, simplemente. Y es que se puede “ESTAR” de muchas formas distintas. Y de la forma en la que estas, es de la forma en la que permaneces. Tiene que ver con el espacio físico que se ocupa y también con la actitud con la que se ocupa ese espacio físico y lo que perdura en el tiempo esa presencia.

 

Pregunto en muchas formaciones: ¿Qué se vería en una cámara si pudieses ver la imagen de cómo entraste esta mañana a tu trabajo? También, ¿cómo quieres que te recuerden? Y cuando pregunto esto, me estoy refiriendo al “ESTAR”.

 

Recuerdo a mi abuelo Ramón, con sus dos piernas amputadas en una silla de ruedas, con sus manos arrugadas por el paso del tiempo, y su presencia sigue ahí, perdura, está. Esta Semana Santa ayudé a mi madre a transcribir unos textos en su faceta de locutora de la Procesión del Entierro para una cadena de televisión local y en un poema que versaba sobre la Virgen María a los pies de la Cruz, terminaba diciendo: “Tronaba el cielo rugiente. La tierra se estremecía. Bramaba el agua. María ESTABA. Sencillamente”. Para muchos entre los que me incluyo, María sigue estando ahí, permanece, sencillamente.

 

Y ahora te toca pensar un poco… te invito a que respondas:

¿Cómo definirías tu presencia?

¿Qué es aquello que permanece de ti?

¿Cómo quieres que se te recuerde?

Quiero dedicar este artículo a Lorena Galán, con quien compartí en reciente sesión de coaching reflexiones acerca de esto del “ESTAR”. Gracias por tu ejemplo en trabajar tu estar. Aquí te dejo la entrevista completa…

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